¿CÓMO HEMOS PODIDO LLEGAR HASTA AQUÍ?



Madrid, 25 de abril 2006. Hoy Adrián no está a mi lado y no sabemos donde está. Hacemos todo lo posible para encontrarle pero es una tarea muy difícil. Los días pasan y la angustia crece cada vez más...

Marcha atrás: 10 de octubre 2002, en París. Después de dos meses de gritos, amenazas, prórrogas y chantajes, mi ex-esposa entiende por fin que nada en este mundo puede hacerme cambiar de opinión. La dejo y ella hará todo para vengarse. Empieza aquel día cancelando mi tarjeta de crédito por teléfono e impidiéndome volver a la casa donde tenía todas mis pertenencias. Estoy en la calle, y sólo era el principio...

Mi hermano me acoge con los brazos abiertos en su casa, me da de comer y me soporta los doce meses siguientes. Durante ese período, ya era complicado ver a mi hijo. Como sólo yo trabajaba, Adrián estaba con su “madre”, más bien casi siempre con sus vecinos, muy amables por cierto. Le veía los fines de semana yendo y viniendo a la hora y lugar exigidos por la señora, con el coche de mi hermano. Y cada viernes el mismo estribillo: “No, no le podrás ver hoy salvo si aceptas tal y cual...” y cada domingo: “No, no me lo devuelves, quédatelo toda la semana contigo, yo no lo quiero”. Y nunca he podido estar con el ni para sus cumpleaños ni Navidad. Adrián representaba una molestia para ella pero sobretodo una manera de presionarme en cada momento.

Un día ella decide que ya no puede cuidar Adrián. Diciendo que era provisional, un par de meses nada más, lleva a mi hijo dónde sus padres en España, en Enero 2003. Lo provisional duró bastante más, porque de hecho ha estado allí hasta su completa desaparición, en mayo 2004. La “madre” se quedó en París.

Podéis imaginar las dificultades profesionales y económicas que eso provocó para seguir viendo a mi hijo. Me volví un habituado de los aeropuertos y un experto en promociones por internet. Gracias al apoyo de mi familia y mis amigos, mi sueldo entero podía dedicarse a estos viajes y a los cheques que mandaba cada mes a los abuelos de Adrián en España.

¿Por qué he dejado continuar tal situación? Porque económicamente no podía cuidar Adrián (sin casa y con deudas enormes). La “madre” no aparecía nunca y el niño disfrutaba de cierta estabilidad con los abuelos.

Mientras, en París, yo tenía que luchar para empezar el divorcio. Y como buena manipuladora que era, mi ex-esposa hizo todo para retrasarlo. Primero me propuso un divorcio con acuerdo mutuo donde yo perdía absolutamente todos los bienes en común y donde tenía que pagar una pensión de 1000 euros cada mes! Mis intentos de negociación tropezaron contra una pared de tontería y mala fe. Las semanas pasaban y las facturas de la abogada también. La letrada tiró la toalla rápidamente y el primer trámite fracasó.

Cansado de sus mentiras, decido anticipar y pido yo mismo el divorcio pero cediendo en algunos puntos de la negociación. Cae en la trampa pensando que podía hacer marcha atrás luego pero es demasiado tarde. En Octubre 2003, más de un año después de la separación, el juez firma las condiciones provisionales del divorcio.

Sin embargo los problemas no cesaron, ni mucho menos. Ya en el verano 2003, me hizo un chantaje para impedirme estar con Adrián durante mis vacaciones. Les recuerdo que Adrián estaba en España y yo en París. Si no firmaba tal documento, no podría estar con él ni un sólo día. Ese documento le hubiera servido para utilizar y vender algunos bienes comunes sin que yo pueda decir nada. Hacerme tal chantaje utilizando a mi hijo le parecía la manera ideal para llegar a su fin. Después de varios idas y vueltas entre Francia y España, al final pude estar con Adrián una semanita con la ayuda de la Guardia Civil española y sin nunca ceder al chantaje.

En Septiembre 2003, me instalo en Madrid para vivir y trabajar con el fin de estar más cerca de mi hijo con el proyecto de recuperarle lo antes posible e intentar construir mi nueva vida. En efecto, Adrián no podía quedarse con sus abuelos más tiempo. Aquí le veo más facilmente y con mas frecuencia, pero la “madre” sigue con las suyas. Para empezar, me denunció por insultos mintiendo a la Policía. La denuncia quedó rechazada porque la Justicia vio sus mentiras y porque ni se presentó al juzgado. Pero hay mucho peor...

Sin motivo y sin avisar, nuevamente ella rechaza mi derecho (reconocido por el divorcio) de estar con mi hijo para Noche Buena 2003. ¿Cómo puede hacer esto? Muy simple: va donde sus padres y se lo lleva sin decirme nada. Me encuentro con esta situación sin poder hacer nada a tiempo pero esta vez no la denuncio. No veía oportuno (aún) empezar querellas criminales y “pasar por el malo, el acusador”.

Pero en Semana Santa, otra vez se repite la misma historia: ahora es directamente la abuela que se lleva a mi hijo a París sin avisar, pocos días antes. Otra vez pierdo la posibilidad de estar con Adrián y sobretodo, me impiden ser un padre para su hijo. Esta vez sí denuncio los hechos a la Policía y el juicio tendrá lugar en Noviembre 2004. La justicia está de mi lado claro pero es muy lenta.



El 9 de Mayo 2004, sin saberlo vemos a Adrián por última vez.

 

Desde aquel día, pretextando todo tipos de motivos, los abuelos retrasan el siguiente fin de semana donde podía ir a recoger a Adrián. Hasta el 10 de Junio 2004, un día después de mi cumpleaños, cuando recibo una llamada de la abuela. Me “informa” que se lleva a Adrián al día siguiente y que le podré ver quizá en Agosto. Así tal cual, porque la “madre” lo ha decidido. ¡Estaba previsto tenerlo conmigo en Julio! ¡¡Y como hago con mi trabajo para cambiar mis vacaciones!! Nada, ya es demasiado tarde para impedirlo. Desde entonces no he podido ver ni hablar con mi hijo ni una sola vez. Ya son 2 años sin oir su voz ni verle.

A principios de Julio, la denuncio en Francia y en España. La Policía sigue los procedimientos normales pero son sin comparación con nuestro desconcierto. Es frustrante y indignante. Pero empezamos a preocuparnos gravemente cuando llegan los primeros días de Agosto y que no sabemos nada de Adrián. ¡¡Los abuelos dicen no saber nada de su hija ni tampoco de Adrián!! Le buscamos por todas partes, llamamos a todos los conocidos y familiares posibles pero nada: ha desaparecido con mi hijo de verdad. Ni su familia con quien se ha enfadado, ni su propia abogada, ni tampoco sus amigos saben dónde se esconde.


Cada día es difícil pero nuestra voluntad es inquebrantable. Mi entorno es fantástico y gracias a ellos y a todos vosotros conseguiremos ganar la batalla: encontrar a Adrián.